Artesanos huicholes emigran a Xalapa

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Artesanos huicholes emigran a Xalapa

Artesanos huicholes emigran a Xalapa
Texto: Hector Juanz
Fotografias: Raúl Méndez


La competencia en sus comunidades obliga a los artesanos wirraricas a migrar y probar suerte en otros estados. Sentados por horas, Juan, Guillermo y Daniela Carrillo no paran de ensartar las chaquiras al hilo para confeccionar los collares, pulseras, aretes y anillos huicholes característicos por sus colores y símbolos que lejos de su tierra y fuera de la cosmovisión huichola, se reducen a mercancía que se abarata a los turistas y habitantes de Xalapa que diariamente recorren el Callejón del Diamante.

“Venimos de Jalisco y traemos las artesanías para vender aquí en Xalapa. Venimos San Andrés, municipio de Misquitic, de la sierra de Jalisco”, dice tímido Juan Carrillo.
A donde quiera que lleguen, los indígenas de origen huichol no dejan de enorgullecerse de su indumentaria, que en el caso de Juan consta de huaraches, panta blanca con franjas en color verde, roja y naranja en las orillas y paliacate azul al cuello.

Símbolos, reducidos a simples adornitos

Flores de peyote, cabezas de venado y otros símbolos que usan en la fiesta del tambor o fiesta del peyote en colores naranja, azul y amarillo componen las pulseras, collares y otros accesorios que ofertan en 50 y hasta en 300 pesos, según el tamaño, en la parte posterior del callejón, cerca de la calle de Juárez: “algunos se lo llevan, otros no, dicen que está caro…”.

De un recipiente toma las pequeñas bolitas de colores que con cuidado debe ensartar en un delgado hilo. Cada pulsera llega a tardar hasta dos días en ser lograda y los callares por su complejidad tardan hasta una semana, aún con lo complicado y lo barato que los consumidores piden su mercancía, los artesanos disfrutan de este oficio heredado por los abuelos wirraricas.

“Allá toda la gente trabaja de esto. Nuestros abuelos, nuestra mamá, toda la gente allá trabaja de esto”, asiente Juan.
Salir aumenta sus necesidades
Salir de sus municipios y estados no es la solución a sus necesidades, al contrario, las aumenta pues deben pagar el transporte, hospedaje y comida.
“Las chaquiras se consiguen sólo en Zacatecas y Guadalajara. Compramos por kilo, a veces no sale por el pasaje, el hospedaje no sale. Debemos pagar hotel”.
Junto con su mujer, Juan paga mil 500 pesos por la renta de un cuarto durante un mes. Llevan dos años viniendo a vender a Xalapa. Luego de que se establecen permanecen 20 días, regresan a sus comunidades y nuevamente parten a otro estado fuera de Jalisco.
“Hay muchos artesanos en Guadalajara, ya no se puede vender, hay muchos, ya no hay chance…Don Teodoro fue el primero que llegó, viene en estos días”.
En voz baja, Daniela Carrillo Bautista dice en su lengua a Juan qué contestar. Ya en español cuenta que aprendió a hacer artesanías de su mamá, y continúa haciendo la pulsera del día.
A lo mejor ya no estudio, me conviene la artesanía
Unos cuantos metros adelante, Guillermo López Carrillo hace lo mismo. Sentado sobre el suelo y recargado de una pared toma de un plato desechable de unicel, las chaquiras azules.
Aunque proviene de la misma comunidad: San Andrés, municipio de Mesquitic en Guadalajara, Jalisco, a diferencia de sus paisanos y familiares porta sólo un morral tejido a mano como parte de su indumentaria.
Una cámara de cine como logotipo en su playera, botas y pantalón de mezclilla son parte de la ropa que usa. Es estudiante de preparatoria y a sus 17 años, es la primera vez que sale a vender a otro estado.

“Este es mi primer viaje, es la primera vez que vengo. Da buenos resultados, se necesitan muchos materiales: hilos, agujas, chaquira”
Es otro de los artesanos que salen buscando mejorar sus ventas: “Yo no salía, es la primera vez…estaban bajas las ventas, ya no se compra mucho allá, hay mucha competencia”.

Es confeccionando la artesanía huichol como sostiene sus estudios de bachillerato. “Ahora estoy de vacaciones, estudio la preparatoria., esto me da para pagar mis estudios. No sé si voy a estudiar o sólo dedicarme a esto…”
Con tal de vender prefiere dar más barato, por eso los collares grandes los vende en 150 pesos, a la mitad del precio en que los tiene la mayoría.
“Mi familia me lo enseñó. Soy huérfano, no tengo padre, desde hace cinco años, de esto mantengo a mi familia”.
Los artesanos aseguran que sólo en este callejón se les permite tender sin problemas susartesanías.

Pocos aprecian su trabajo
Aunque muchas son las personas que aseguran valorar la artesanía mexicana, pocas son las que se detienen a admirar las artesanías y menos las que se dicen dispuestas a pagar un precio justo por el trabajo de las manos huicholas.
“Las apreciamos mucho. Está muy bonito. Es un trabajo muy elaborado, no lo sabemos apreciar, luego anda uno regateando, es un trabajo que cuesta mucho hacer”, afirma Aidé, quien durante su visita a Xalapa frecuenta el Callejón del Diamante en el centro de esta capital para adquirir alguna artesanía. “Vamos a tiendas departamentales y por cosas que no cuestan tanto pagamos mucho”.
Fue en la década de los sesenta del siglo pasado cuando los artesanos hucholes comienzan a salir de sus comunidades tribales para reproducir su arte con el fin de obtener dinero y no para honrar a sus divinidades.
“La mayoría de artesanos que conocí en los alrededores de Guadalajara y Tepic entre 1970 y 1975 habían abandonado las prácticas más elementales de su cultura religiosa ancestral. Algunos hijos de huicholes desplazados de Jalisco a Nayarit, desconocían hasta el lenguaje de sus padres y de la propia infancia. la extensión de y precisión del vocabulario pictográfico ancestral se ven mermadas, simplificadas y disminuidas”, cita un estudio del arte huichol publicado en 1986 por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). — en El Callejón Del Diamante Xalapa.

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